jueves, 20 de febrero de 2014

BERZA VEGETAL

     Hace tiempo, no sé por qué, el hecho de pensar en comer carne me produce cierto rechazo. No entiendo por qué, pero tampoco me preocupa en exceso. Supongo que son etapas que se viven  y ahora estoy pasando por la de aborrecer esta clase de alimento. No voy a enrollarme con mis gustos ni aficiones culinarias, pero sí quiero compartir el hecho de que no es necesario, para hacer una receta sabrosa y nutritiva, tener que añadirle o acompañarla  con carne. 
     Ayer me apetecía comer "berza", así es como le llaman en Guaro al cocido de judías verdes con carne, tocino  y garbanzos. Pensé que al tenerle esa fobia a la carne me estaba privando de comer muchas cosas que me encantan,  e inmediatamente me negué a aceptar esa idea. Así que, manos a la obra, me dispuse a hacer un experimento. Tengo que decir antes de nada que yo compro los garbanzos secos y los dejo en remojo cuarenta y ocho horas, dentro del  frigorífico. Cuando han pasado ese tiempo en el  agua, los escurro y los congelo, no soy la única mucha gente lo hace. Pues bien, paso a daros mi receta, que por cierto, me quedó de escándalo, vamos que le dijo a la "pringá" ¡échate pa llá...!


     Puse una olla al fuego, con poca agua, pero la suficiente para que no se regastase pronto. Cuando aquello comenzó a hervir, con fuerza, le eché, como un cuarto de garbanzos congelados y un puñado de sal. Le puse la tapadera para que arrancase rápidamente a hervir, nuevamente. Mientras tanto piqué una cebolla a trozos muy  pequeños y cuando estuve segura de que los garbanzos estaban ya dando saltos, le añadí la cebolla, dos hojas de laurel, un pimiento rojo en cuatro trozos y un tomate en dos mitades.

     Sin prisa, puse en el mortero cuatro dientes de ajos troceados con un poco de pimienta molida y los machaqué hasta dejarlos hechos una crema a la que añadí dos cucharadas de pimentón de la Vera y como si de hacer una mayonesa se tratase, le fui añadiendo poco a poco seis cucharadas de aceite de oliva virgen extra y fui removiendo hasta que la mezcla quedó homogenea. Cuando consideré que estaba bien, le añadí un poco de agua caliente de los garbanzos  y tras removerlo con una cuchara, lo eché a la olla. ¡Qué buena pinta comenzaba a tener aquello! Evidentemente era la primera vez que hacía eso, pero por qué iba a estar malo por el hecho de no tener carne. También os tengo que decir que soy anti pastillas de caldo y reforzantes artificiales del sabor. Cada uno tiene sus manías ¡Qué le vamos a hacer!. Si os atrevéis a elaborar este plato y os gusta me contaréis si es necesario añadirle esas cosas.

      Mientras meditaba con los ojos abiertos,  me puse,
tranquilamente, a picar las judías verdes  1/2 kg. y  un trozo de calabaza. Es muy interesante hacer esto  porque aunque parezca que es algo que te roba tiempo para otras cosas que parecen más importante, te estás centrando en el momento presente y en cómo lo haces, con lo cual es una forma de sentarte y relajarte un ratito. Todo tiene su encanto si sabemos verlo. 

     Cuando los garbanzos estuvieron blandos, cosa que sucede antes si los echas congelados en el agua hirviendo y la sal, saqué el pimiento y el tomate, lo puse en la batidora, me gusta hacerlo así en vez de sofreírlo porque  es menos indigesto, también es mi forma habitual de engordar el caldo de mis guisos.  Eché en la olla  las judías, la calabaza y una patata. Cuando todo estuvo hirviendo unos diez minutos añadí la crema conseguid con el tomate y el pimiento, un poco más de agua hasta cubrir la verdura, caliente por cierto, el agua que se añade a los garbanzos ha de ser caliente y lo dejé a fuego lento hasta que estaba para comérselo...¡Um!


 

 

 
 



 

 
 
      
 



No hay comentarios:

Publicar un comentario